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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Ordinario de la Misa: Martes XIX Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. 14 de Agosto, 2012

Ordinario de la Misa: Martes XIX Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. 14 de Agosto, 2012

Memoria de San Maximiliano María Kolbe

Presbítero y mártir

Tus mandamientos, Señor, son mi alegría

Antífona de Entrada

Venid, benditos de mi Padre, dice el Señor. Os aseguro que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicisteis.

Oración Colecta

Oremos:

Dios nuestro, que llenaste de celo por las almas y de caridad para con el prójimo al santo mártir Maximiliano María Kolbe, devotísimo de la Virgen lnmaculada, concédenos, por su intercesión, que, a gloria tuya, trabajemos intensamente en servicio de los hombres y seamos, hasta la muerte, imagen fiel de tu Hijo, que vive y reina contigo.

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del Libro del profeta

Ezequiel (2, 8—3, 4)

Esto dice el Señor:

“Hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte”.

Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me dijo:

“Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete este libro y vete a hablar a los hijos de Israel”. Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome:

“Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este libro que te doy”. Me lo comí y me supo dulce como la miel. Y me dijo: “Hijo de hombre, anda; dirígete a los hijos de Israel y diles mis palabras”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 118

Tus mandamientos, Señor,

son mi alegría.

Me gozo más cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; ellos son también mis consejeros.

Tus mandamientos, Señor,

son mi alegría.

Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. ¡Que dulces al paladar son tus promesas! Más que la miel en la boca.

Tus mandamientos, Señor,

son mi alegría.

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. Hondamente suspiro, Señor, por guardar tus mandamientos.

Tus mandamientos, Señor,

son mi alegría.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo

(18, 1-5. 10. 12-14)

Gloria a ti, Señor.

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

“¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo:

“Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo

de estos pequeños”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

En las sociedades antiguas uno de los valores fundamentales era el honor. Y el deshonor era fuertemente temido, al punto que muchas personas preferían morir a caer en deshonor. Uno de los honores más grandes era ser importante y reconocido, porque el individuo anónimo y desconocido era despreciado. Jesús cambia esa manera de pensar, y el evangelista nos lo hace saber a través de la imagen del «pequeño» y de la «oveja perdida». El «pequeño» no sólo representa al niño que por su dependencia, ignorancia y debilidad era considerado insignificante. «Pequeños» eran también todas las personas sencillas, pacíficas y anónimas que no tenían el ánimo ni los medios sociales para ocupar un lugar en la escala de los honores. Jesús toma como modelo cristiano a esas personas, que, sin dejarse aplastar por los valores sociales al uso, colocan toda su existencia al servicio de la vida. De igual forma pasa con la «oveja perdida». El evangelio nos recuerda que en la comunidad no hay lugar para la exclusión y para la indiferencia. Si alguien se extravía, la comunidad no puede desentenderse, sino que tiene la misión de reintegrar a esa persona extraviada. – ¿Cuál es nuestra actitud ante las personas anónimas y ante aquellas que consideramos «extraviadas”?

 

Oración sobre las Ofrendas

Te presentamos, Señor, nuestras ofrendas, y te pedimos que, a ejemplo de san Maximiliano María Kolbe, aprendamos a convertir nuestra vida en una oblación constante.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio de los Santos

Mártires

Testimonio y ejemplo

de los mártires

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.

Porque la sangre del glorioso mártir san Maximiliano María Kolbe, derramada como la de Cristo para proclamar su fidelidad a ti, manifiesta tu admirable poder, que convierte la fragilidad en fortaleza y al hombre débil robustece para que sea testigo tuyo.

Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la Comunión

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, dice el Señor.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Te pedimos, Señor, que alimentados con tu Cuerpo y tu Sangre, nos inflame aquel mismo fuego de caridad que san Maximiliano María recibió de este sagrado convite. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

Fuente: www.lecturadeldia.com, www.servicioskoinonia.org

 

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