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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Ordinario de la Misa: XX Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. Sábado 25 de Agosto, 2012

Ordinario de la Misa: XX Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. Sábado 25 de Agosto, 2012

Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera

Feria de la 20a. S. T. O. o memoria libre de San Luis; o de San José de Calasanz, presbítero

Escucharé las palabras del Señor

Antífona de Entrada

Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor

y alabanzas a tu nombre.

Oración Colecta

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, que con amor gobiernas los cielos y la tierra, escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz.

Por nuestro Señor Jesucristo...

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Ezequiel (43, 1-7)

En aquellos días, un ángel me llevó a la puerta del templo, que da hacia el oriente, y vi que la gloria del Señor venía del oriente. Se oía un ruido como el estruendo de un río caudaloso y la tierra resplandecía con el fulgor de la gloria de Dios. Esta visión me recordó la que tuve cuando el Señor vino a destruir la ciudad y la que había tenido junto al río Kebar. Y caí rostro en tierra.

La gloria del Señor penetró en el templo por la puerta que da al oriente. El espíritu me levantó y me llevó al atrio interior y vi que la gloria del Señor llenaba el templo.

Entonces oí que alguien me hablaba desde el templo, y el hombre que estaba junto a mí me dijo:

“Hijo de hombre, éste es el lugar de mi trono, el lugar donde pongo las plantas de mis pies. Aquí habitaré para siempre con los hijos de Israel”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 84

El Señor habitará en la tierra.

Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.

El Señor habitará en la tierra.

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.

El Señor habitará en la tierra.

Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.

El Señor habitará en la tierra.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Su Maestro es uno solo, Cristo, y su Padre es uno solo, el del cielo, dice el Señor.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo (23, 1-12)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos:

“En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente.

Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

Decía un famoso sicólogo que “el mejor consejo es no dar consejos”, con lo cual ya echaba a perder su buen consejo. Los consejos, por lo general, tienen la forma de un recetario, es decir, si pasa esto haz aquello. Otros son tan genéricos que bien podían formar parte de los horóscopos que abundan en los medios masivos de comunicación. El evangelio, sin embargo, no nos da recetas, ni consejos ni orientaciones ambiguas. Los evangelios, acordes con el estilo de enseñanza de Jesús, nos proporcionan principios y criterios con los que podemos discernir, ante las diferentes situaciones, cuál es la actitud que debemos tomar frente a una realidad y cuál es la decisión correspondiente. Los mismos preceptos del Antiguo Testamento son tomados en general como «orientación» y no como camisa de fuerza, ya que la fidelidad a Dios es un problema de obediencia al Espíritu y no de mecánica aplicación de unas ideas. La enseñanza que hoy leemos en el evangelio nos ayuda a comprender cómo Jesús reconocía la verdad, incluso en la boca de sus opositores; pero, al mismo tiempo, urgía la necesidad de asumir criterios efectivos que superaran la interpretación mecánica y anacrónica de la Escritura.

 

 

Oración sobre las Ofrendas

Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se lleva a cabo la obra de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio Común II

La salvación por Cristo

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Pues por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, lo redimiste por tu misericordia. Por Cristo nuestro Señor.

Por él, los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la Comunión

Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad para que, alimentados del mismo pan del cielo, permanezcamos siempre unidos por el mismo amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Fuente: www.lecturadeldia.com;www.servicioskoinonia.org

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