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18 marzo 2014 2 18 /03 /marzo /2014 04:01

Meditación: (Mateo 23,1-12: Martes Segunda Semana de Cuaresma: Ciclo A.  18 de marzo, 2014

La pureza de corazón es el amor y sinceridad con que hacemos las cosas.

“En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Doctores", porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»” 
(Mateo 23,1-12).

 

1. Jesús, te diriges a la gente y dices: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen”. Ante una actitud de poder en el mundo, nos dices, Señor que «el primero entre vosotros será vuestro servidor». Como tú, que no has venido a ser servido sino a servir y dar la vida por nosotros. En este camino cuaresmal, nos preguntamos hoy: ¿qué defecto o mala costumbre voy a corregir? ¿Qué propósito, de los que he hecho tantas veces en mi vida, voy a cumplir estos días?

La hipocresía puede ser precisamente el pecado de «los buenos». Benedicto XVI nos da una lección de humildad al presentar su renuncia, y llevar a la práctica en su vida lo que piensa que necesita la Iglesia. Yo, en mi examen, pienso si procuro vivir lo que aconsejo. Si aconsejo lo que procuro también yo hacer vida mía. Ante una sociedad puritana, de apariencia como en los tiempos de Jesús, ¿buscamos la alabanza de los demás y los primeros puestos? Señor, «da luz a mis ojos para que no duerma en la muerte» (Antífona de entrada)… y «que esta Eucaristía nos ayude a vivir más santamente» (poscomunión; J. Aldazábal).

Sigues denunciando, Señor: “Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres”. Pensemos en una cultura de opresión contra los esclavos en épocas pasadas. Contra los campesinos en la época feudal. Contra los obreros en la sociedad industrial. Contra las conciencias, en algunos ambientes religiosos, en algunas épocas…

“Se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí". Las "filacterias" eran unas bandas de cuero que llevaban en la frente y alrededor del brazo izquierdo, con unos cofrecitos que contenían textos de la Ley. Los "flecos" (orlas) eran como los que suelen verse en algunos chales. Estos dos detalles en el vestuario eran obligatorios según la Ley de Moisés. Pero a los fariseos les gustaba llevarlos muy aparatosos para mostrar así su acatamiento a la Ley y para recibir honores por ello. Este orgullo toma, hoy, nuevas formas.

“Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Doctores", porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo”. Es una llamada a la sencillez. –“Sois todos hermanos”. Fórmula esencial.

El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»”. Los hechos son las mejores palabras, en la relación con los demás. «Hoy más que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y lógica interna» (decía Juan Pablo II, que fue también una persona coherente, que estuvo en la Cruz hasta el final). Es una llamada a la coherencia: «sólo la relación entre una verdad consecuente consigo misma y su cumplimiento en la vida puede hacer brillar aquella evidencia de la fe esperada por el corazón humano; solamente a través de esta puerta [de la coherencia] entrará el Espíritu en el mundo» (Benedicto XVI, que tiene con su renuncia una idea también heroica, aunque distinta del papa anterior, de la duración de su ministerio).

La coherencia hoy día no está de moda. Significa ser yo mismo, ser auténtico. La clase intelectual europea que fue comunista en los años 70, luego se ha pasado a otras corrientes sin decir ni siquiera un “me equivoqué”, sin que aquellos profesores de Historia o Filosofía dijeran: “estaba vendido al sistema, no pensaba por mí sino por la moda”. Hay como un afán de éxito y gloria que hace decir a muchos lo que conviene. Recuerdo a un amigo que expuso en una reunión unas ideas que me parecieron vacías. Pensé que las había dicho para quedar bien, para gustar, y le pregunté: “de todo esto, ¿tú en realidad qué piensas?” y me contestó tranquilo: “yo ya no sé lo que pienso”. Sabía lo que convenía decir, no sabía lo que era verdad. Ser mercenario, querer agradar, por conseguir un cargo, en el fondo es ser mezquino, no ser honrado conmigo mismo, es el amor desmesurado a la gloria propia, cosa que va contra el espíritu sencillo del sabio. Es la insinceridad del intelecto con respecto a mi vida, la culpable dicotomía entre la mente y el corazón, la inteligencia y el amor, entre ideas e ideales.

¿Cuáles son los síntomas que me dan pistas para diagnosticar esta enfermedad funesta? En primer lugar, la ausencia de contemplación, la falta de reposo en el ser, estar “entre-tenido” (tenido entre cosas) en lugar de “tenerse-a uno mismo” (autoposeerse, en lo que está la libertad). Lo malo es el mariposeo, el diletantismo y la indiscreción, la preocupación intelectualoide más que intelectual, que muchas veces va unida a la envidia intelectual. Lo bueno es buscar la verdad, lo auténtico, dar de lo que se vive, y esto será lo que pervive en el tiempo, los frutos que perduran, lo demás se pudre. Para un cristiano, todo queda referido al modelo, Cristo, y ofrecido al Padre Dios. Entonces, no hay polilla o polvo, no hay preocupaciones por la precariedad, siguiendo el ejemplo y los consejos de Jesús: “no os preocupéis por vuestra vida...” Entonces la coherencia es testimonio fiel, martirio, pues muchos sufren por la verdad (desde el antiguo Sócrates, Tomás Moro… hasta nuestros días). Las palabras no serán entonces ficticias, sino parte de mi vida; no esclavizantes, ni tendrán un motivo de gloria humana; sino hacer el bien. El vivir no se desliga del contemplar, ni del dar la vida, la verdad me lleva a ser verdadero y en la medida que soy verdadero, soy. En todo pongo un poco de mi corazón, y un trozo de alma, un pedazo de mi vida, en una unidad que me recuerda lo que decía una hija de Tomás Alvira: “todo en mi padre era verdad: por eso era tan buen educador”.

Jesús es el ejemplo supremo de humildad y de entrega a los demás, de autenticidad y valentía en defender la verdad: “Ejemplo os he dado para que como yo he hecho con vosotros, así hagáis vosotros” (Jn 13,15). El Señor nos invita a seguirle y a imitarle, y nos deja una regla muy sencilla, pero exacta, para vivir la caridad con humildad y espíritu de servicio: “Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos” (Mt 7,12). Así, todo lo que nos gusta: que nos comprendan cuando nos equivocamos, que nadie hable mal a nuestras espaldas, que se preocupen por nosotros cuando estamos enfermos, que nos exijan y corrijan con cariño, que recen por nosotros... son las cosas que, con humildad y espíritu de servicio, hemos de hacer por los demás.

2. Isaías nos anima a buscar la conversión del corazón, profetizando lo que dice Jesús el evangelio de hoy, cuando condena duramente a los fariseos «que dicen y no hacen»: “Oíd la palabra del Señor”. –“Escuchad la orden de nuestro Dios...” Dios se compromete en su palabra; es una palabra activa que lleva a la acción: -“Lavaos, purificaos”. Todo el mal del mundo sucede ante los ojos de Dios. –“Apartad de mi vista vuestras fechorías. Desistid de hacer el mal... Aprended a hacer el bien...” Pensaban que eran buenos por sus ritos cultuales. Pero se nos dice: –“Buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda”. Es a mí a quien me hablas, Señor, soy «invitado» a darme, a comprometerme, a luchar por la justicia, por el bien de mis hermanos. Esto es lo que Tú esperas de mí para borrar mis pecados. Y puedo hacerlo a través de mi vida ordinaria, profesional y social. Pienso en una sociedad llamada “cristiana” que permitía lo que leemos en Misericordia de P. Galdós, tantas injusticias sociales… en aquel desenlace de la guerra civil española, las guerras mundiales o los genocidios como el de Rwanda en 1994/1997… El oráculo de hoy arremete contra esto… es una llamada a la conversión... Sodoma y Gomorra son símbolos de todo pecado social.

–“Si vuestros pecados son rojos como el carmesí pasarán a ser blancos como la nieve. Si son rojos como la púrpura, serán como la lana blanca, y podrán comer de lo sabroso de la tierra» que Dios prepara. Rezamos  hoy: «Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia; y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación» (Colecta). Gracias, Señor, por repetirme esas cosas. Ch. Péguy dirá que Dios es capaz de «hacer aguas puras con aguas de desagüe», «almas puras con almas gastadas»..., «almas blancas con almas sucias»... –“Si aceptáis obedecer, comeréis lo bueno del país”. Promesa de felicidad (Noel Quesson).

3. El Salmo nos anima a vivir la religión con el amor a los demás, con el buen consejo, corregir, animar, perdonar, consolar… dice: “El que ofrece sacrificios de alabanza, me honra de verdad; y al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios". Así nuestra Cuaresma será un éxito, como el que va a una fiesta con un vestido espléndido. «Te rogamos, Señor, que esta Eucaristía nos ayude a vivir más santamente, y nos obtenga tu ayuda constantemente» (Poscomunión).

 

Llucià Pou Sabaté

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16 marzo 2014 7 16 /03 /marzo /2014 20:06

Meditación Lucas 6,36-38: Lunes Segunda Semana de Cuaresma. Ciclo A

17 de marzo, 2014.

 

Se nos invita a ser compasivos según la misericordia de Dios

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá»” (Lucas 6,36-38).

 

1. Señor, nos invitas a hacer las cosas como Dios: «sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». «Misericordiosos», como Dios es «misericordioso» con nosotros: él nos perdona, toma la miseria y la comprende, la entiende, pero para eso quiere  que yo perdone a los demás, los comprenda, sea compasivo, y así todo irá bien. Así siempre tendremos “gracia de Dios”, no seremos “desgraciados”, porque el pecado es la pérdida de la gracia. Y la pérdida de la gracia es la auténtica des-gracia. ¿Cómo me comporto ante las necesidades de los demás? ¿Me mueven a intentar aportar lo que esté en mi mano, o me dejan indiferente pensando que, en el fondo, es su problema? ¿Me doy cuenta de que mi trabajo o mi estudio bien hecho es la forma habitual que tengo para colaborar con las necesidades de la sociedad y de los que me rodean?

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados”. Qué fácil es criticar, murmurar, hablar mal de alguien, sin pensar en los motivos, o las presiones, o la ignorancia, o la flaqueza, o el carácter, o muchos otros elementos de juicio que no tengo y que sólo Tú, Señor, conoces en el corazón de cada persona, sus problemas, sus circunstancias… y ¡qué difícil es arreglar el daño hecho por la murmuración! Puedo hablar con otra persona, para desahogarme  (lo justo) y para pedir consejo y ver cómo actuar, con una crítica constructiva que lleve a corregir a esa persona, por amor, no por celo amargo (P. Cardona): «No admitas un mal pensamiento de nadie, aunque las palabras u obras del interesado den pie para juzgar así razonablemente» (J. Escrivá, Camino 442).

“Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá». A veces me cuesta dar, Señor, y soy muy roñoso con mis cosas, con mi tiempo, con mis ambiciones. No sé dar, no sé darme. Me doy cuenta de que esta actitud me empequeñece el corazón y, por eso, me hace incapaz de recibir tus dones.

En cambio, cuando soy generoso contigo y con los demás, recibo más que lo poco que tenía para dar: «Echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante.» Jesús, Tú eres más generoso que yo. Yo doy uno y Tú devuelves ciento. Que no quiera quedarme con este uno: con mis planes, con mi futuro. Que sepa dejarlo todo en tus manos, para lo que Tú quieras, para lo que haga falta. Yo te quiero servir en medio de mi vida corriente; quiero darte lo poco que tengo, por amor a Ti. No lo hago para recibir, sino porque Tú me lo pides; pero sé muy bien que Tú siempre me pagas con creces -ya en esta vida- todo lo que haga por Ti y por los demás.

Tal como hacemos se hará con nosotros: «la medida que uséis, la usarán con vosotros». Es lo que nos enseñó a pedir en el Padrenuestro: «perdónanos... como nosotros perdonamos». Me gustan mucho las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y Corazón de María, y la Divina Misericordia que dijo el Señor a Santa Faustina, que tan devoto era Juan Pablo II, también polaco como ella, y que el día que murió iba a decir su discurso ya preparado recordando que Jesús liberaba "a la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y vuelve a abrir el ánimo a la esperanza. Es amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Divina Misericordia!".  Es una devoción sencilla, como la del Sagrado Corazón. En el Sagrado Corazón pedimos: “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío”. En la divina misericordia todavía es más corta la jaculatoria: “Jesús, en ti confío”.

"Señor, que con tu muerte y resurrección revelas el amor del Padre, nosotros creemos en ti y con confianza te repetimos hoy: Jesús, confío en Ti, ten misericordia de nosotros y del mundo entero".  La mejor manera de participar de este tesoro es desde el corazón de la Virgen: “contemplar con los ojos de María, el inmenso misterio de este amor misericordioso que brota del Corazón de Cristo.”

Antes se decía “ojo por ojo”, si me has dado una bofetada te doy otra, pero Jesús nos enseña la “ley del talión al revés”, devolver bien por mal, “poner amor donde no hay amor para sacar amor”, ya decía Gandhi que el “ojo por ojo” nos dejaría a todos ciegos, y que la solución del mundo es seguir la ley de Jesús. El perdón es lo más divino, es parecerse a Dios. Ser bueno "sin medida", como Dios. –“Sed misericordiosos...” Es una palabra difícil de explicar: -Compartid las penas de los demás... -Sed indulgentes... -Dejaos conmover... -Excusad... -Participad en las tribulaciones de vuestros hermanos... -Olvidad las injurias… -Sed sensibles... -No guardéis rencor... -Tened buen corazón... –“Así como también vuestro Padre es misericordioso.” "Dios es amor", "Dios es misericordia." Y hemos de ser "imagen de Dios" para realizarnos, sentirnos felices: Tú esperas, Señor, que yo me parezca a ti, que sea el representante de tu amor cerca de mis hermanos. Ser el corazón de Dios, ser la mano de Dios... ser "como si" estuviese Dios presente cerca de fulanito... Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de recibir con amor la Vida que Dios nos ofrece.  María, madre de los dolores, ayúdame a perdonar a los demás, que me duelan más las cosas que hago a los demás y me duelan menos las que me hacen, llorar un poco más mis pecados y menos los de los demás, “quererlos” un poco más y “quererme” un poco menos.

2. El profeta Daniel dice que hizo esta oración al Señor: “¡Ah, Señor, Dios grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos! Nosotros hemos pecado, hemos cometido el mal, hemos sido malos, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas. No hemos escuchado a los profetas, que en tu nombre hablaban a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres... A ti, Señor, la justicia; a nosotros la vergüenza en el rostro... Y al Señor Dios nuestro, la piedad y el perdón...” El hombre, muchas veces, prefiere apartarse de la protección divina e irse por su cuenta, y Daniel siente la carga de pecado y la traición de los hombres de su pueblo, y esto nos pasa cuando no escuchamos la voz de la conciencia, de nuestro corazón, no obedecemos a los que nos hablan de parte de Dios. Recuerdo un niño que se enfadó en su casa y no quería obedecer, y dando un portazo se fue: “¡me voy de casa!”, gritó. Fue por la calle, a jugar con los amigos, a hacer “el burro”, pero al pasar las horas los amigos fueron a sus casas a cenar, se hacía de noche… y él sintió hambre, y frío… y pensó en qué podía hacer, y se le pasó el enfado, y volvió a pedir perdón, y su madre le abrazó, porque estaba preocupada por él.

Cuando estamos enfadados vemos como con gafas negras, recuerdo que al ir en coche en verano yo me ponía gafas de sol y luego al entrar en un túnel no veía nada y pensaba “esto está muy oscuro, ¡qué raro!” hasta que caía en la cuenta de que era porque llevaba gafas oscuras, y por esto lo veía todo oscuro. Un ojo enfermo deforma la realidad, nos engaña. Vemos a los demás con el color que los miramos… Una mujer llegó con su familia a un piso nuevo, y veía por la ventana a la vecina tender la ropa y pensaba “qué sucia tiene la ropa la vecina, habrá que decirle algo”, y así un día y otro, hasta que su marido limpió los cristales de la ventana, y vio que la vecina tendía la ropa limpia, pero eran los vidrios de la ventana desde donde miraba que estaban sucios, si miramos mal las cosas las personas nos parecerán llenas de maldad. Empezamos la segunda semana de la Cuaresma con una oración de Daniel sincera: «hemos pecado… Dios grande, que guardas la alianza y el amor a los que te aman... Al Señor Dios nuestro la piedad y el perdón».

Hoy le pedimos a Jesús luz para nuestra conciencia, para ir por el buen camino, y cantamos al comenzar: “Sálvame, Señor, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el buen camino”.

3. Con el Salmo cantamos confiados: «Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados… que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados… nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos siempre tus alabanzas». Un niño de unos nueve años, un domingo recuerda a su padre que hay que ir a misa. -Hoy no vamos - dice el padre-. Yo tengo otras cosas que hacer.

-Pero, papá, -insiste el niño- es que hoy tenemos obligación de ir. Lo manda el tercer Mandamiento de la Ley de Dios.

-No te preocupes. Eso no tiene importancia. Ya iras otro día. El pequeño se calla. Pero al poco rato interviene de nuevo:

-Oye papá, si el tercer Mandamiento no tiene importancia, el cuarto aún debe importar menos (Agustín Filgueiras Pita). Pedimos en la colecta de hoy: «Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado, y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa Ley».

Llucià Pou Sabaté

Fuente: www.almudi.org

 

 

 

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15 marzo 2014 6 15 /03 /marzo /2014 01:57

Meditación: Mt 17, 1-9: Segundo Domingo de Cuaresma.  Ciclo A. 16 de marzo, 2014.

«Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los llevó a ellos solos a un monte alto, y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor; qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente los cubrió y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle. Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor Entonces se acercó Jesús y los tocó diciendo: Levantaos y no temáis. Al alzar sus ojos no vieron a nadie sino sólo a Jesús. Mientras bajaban del monte Jesús les ordenó: A nadie contéis la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.» (Mt 17, 1-9)

 

1º.: Jesús, hoy muestras un poco tu divinidad a tres apóstoles: Pedro, Santiago y Juan.

Sabes que, en poco tiempo, van a sufrir la prueba de tu muerte en la Cruz y quieres fortalecer a los que luego serán las columnas de la Iglesia.

Ellos ven con sus ojos tu resplandor y oyen con sus oídos la voz de Dios que les dice: «Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle.»

«Tú te has transfigurado en la montaña, y en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre». (CEC.- 555).

Ante esta manifestación de tu divinidad, Pedro no tiene otra posible salida que decir: «Señor, qué bien estamos aquí»

¿Qué he de hacer para mantener esta situación que me llena por completo?

Quiere hacer tres tiendas y ni se acuerda de él mismo.

Tal ha sido su fascinación ante tu divinidad.

En cambio, Jesús, ¿por qué a mí me dejas tan a oscuras?

¿Por qué no te manifiestas abiertamente como hiciste con los apóstoles para que te ame más y mi fe sea más fuerte?

Esta pregunta ya te la hizo San Judas en la última cena: «¿qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?» (Juan 14, 22)..

¿Por qué no muestras claramente al mundo que eres Dios?

«Todos percibís en vuestras almas una alegría inmensa, al considerar la santa Humanidad de Nuestro Señor: un Rey con corazón de carne, como el nuestro; que es autor del universo y de cada una de las criaturas, y que no se impone dominando: mendiga un poco de amor; mostrándonos, en silencio, sus manos llagadas» (Es Cristo que pasa.- 179).

Jesús, Tú no te impones dominando, porque de este modo no te amaría realmente, sino que te obedecería por obligación.

Tú prefieres mendigar un poco de amor; mostrándonos, en silencio, tus manos llagadas.

No quieres manifestarte en toda tu gloria, sino siempre de modo velado, como en silencio.

Por eso, mientras que la Cruz es un espectáculo público, reservas la transfiguración y la resurrección estrictamente para aquellos que van a necesitar esas gracias especiales.

Sólo así respetas mi libertad para que pueda amarte, porque amor sin libertad no es amor.

A estos tres apóstoles les enseñas un poco más tu gloria porque les vas a pedir mucho más, porque van a sufrir mucho por Ti.

Y también te muestras resucitado a los demás apóstoles, pero ya dejas claro al apóstol Tomás: «Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído» (Juan 20, 28).

Jesús, entiendo que estés escondido en la Eucaristía.

Desde allí, en silencio, mendigas un poco de amor.

No quieres obligarme a seguirte.

«Bienaventurados los que sin haber visto han creído:» ese amor que, por la fe, te demuestro en la Eucaristía, vale mucho más que la obediencia obligada de todo el universo material.

Jesús, quiero acompañarte en el sagrario, esa «cárcel de amor» donde permaneces oculto pero cerca, para que pueda amarte libremente.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Fuente: www.almudi.org

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15 marzo 2014 6 15 /03 /marzo /2014 00:00

Meditación Mateo 5, 43-48: Sábado I Semana de Cuaresma.  Ciclo A. 15 de marzo, 2014.

Amar es la ley de los hijos

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»” (Mateo 5, 43-48).

 

1. Jesús nos dirá que somos mucho más que criaturas: ¡somos de la familia de Dios, hijos de Dios! Y nos quiere con locura; entonces ya solo vale la ley del amor, porque todos somos hermanos. Cuentan de Carlitos, con sus cuatro años, que está enfermo. Su madre está constantemente pendiente de él. El pequeño, sintiendo el cariño de su madre, le echa las manos al cuello y le dice:

-Mamá, te quiero mucho. Te quiero con todo “tu” corazón.

-No se dice con todo “tu” corazón. - Corrige la madre-. Tienes que decir con todo “mi” corazón.

El pequeño, que sabe perfectamente lo que quiere decir, rectifica a su vez:

-No, mamá. Con el tuyo que es más grande. El mío es pequeñito.

 “Con todo tú corazón”. Al crío le parecía poca la capacidad de su corazón para el amor que quería dar a su madre. Malo si no nos parece poca la capacidad de amor del nuestro, para todo lo que Dios nos merece y le debemos a Él y a los demás.

Poder amar con el corazón de Dios, eso es algo grande, pero es eso lo que pasa: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo, que se nos ha dado”. Por eso amar es tener un cachito de Dios, y podemos amar como Jesús: “como yo os he amado”. Y por eso Jesús lleva la Ley a la plenitud; dijo: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo””. Lo de “odiar a los enemigos” no venía en la ley de Moisés, sino que era de la interpretación rabínica, que Jesús desmonta. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos… sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».  Lumen gentium 40 recoge este reclamo divino a la llamada universal a la santidad, aunque no se refiere (el texto original y contexto) a tener el poder de Dios o una perfección nuestra, sino a beber de su amor y misericordia: ése es el sentido profundo de la santidad, que es exigente: amar a todos, ser misericordiosos y entregados por los demás, y poner buena cara incluso a los que ni nos saludan. «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma» (entrada).

Así Jesús aplica a la ley lo que el artista cuando pone colores sobre un boceto hecho al carbón (que sería la ley antigua: Teofilacto), no sólo no destruye el boceto, sino que lo completa, lo perfecciona, lo embellece, y le da mayor realismo. Jesús rejuvenece la Ley Antigua (Fillion) que había degenerado en un formalismo rudimentario, que con frecuencia sólo exigía actos externos. A aquella ley le faltaba subrayar la esencia, el amor: "No he venido a abolir la ley, sino a perfeccionarla" (Mt 5,17). Lo que era semilla, lo desarrolló y se convirtió en árbol: lo que era flor, lo transformó en fruto. Le pone corazón: “enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón" (Salmo 118: J. Martí Ballester).

“El Evangelio nos exhorta al amor más perfecto. Amar es querer el bien del otro y en esto se basa nuestra realización personal. No amamos para buscar nuestro bien, sino por el bien del amado, y haciéndolo así crecemos como personas” (Juan Costa Bou). El ser humano, afirmó el Concilio Vaticano II, “no puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”, y añadía Juan Pablo II, «el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente».

2. Moisés habló al pueblo de la Alianza, el pacto que hizo con Dios, diciendo: “Hoy el Señor tu Dios te manda que cumplas estas leyes... Guárdalas y cúmplelas con todo el corazón y con toda el alma. Hoy te has comprometido con el Señor a que Él sea tu Dios; a ir por sus caminos; a observar sus leyes...; y a  escuchar su voz. Y hoy el Señor se compromete a que seas su pueblo propio, como te lo había prometido... Él te elevará por encima de todas las naciones que ha hecho, en gloria, renombre y esplendor...” Las palabras de amistad entre Yahvé y su pueblo elegido tienen intimidad, compromiso y gran ternura. "Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo". Es una especie de contrato bilateral, en el que Dios se compromete a cuidarnos, y nos pide que le amemos y obedezcamos, aunque Él es siempre fiel, también si nosotros no lo somos. ¡Qué bonito, ser del Señor, de los suyos, de su gente! ¡Vivir aquello que nos dice: «buscad primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura» (Mt 6,33).

3. Con la oración del sábado volvemos al principio de la semana: «conversión» de la muerte a la vida. Es una conversión a la verdad, «obrar la verdad», afirma San Agustín, interpretando a San Juan: «El que obra la verdad viene a la luz» (Jn 3,21). En el salmo paladeamos: “dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón”. La imagen del hijo pródigo que se convierte y vuelve nos anima estos días, pero también su hermano nos sirve para no ser como él. Desde Caín y Abel, los dos hermanos suelen representar en las palabras de Jesús los que están lejos y cerca, el mayor tiene un triste papel: Ismael frente a Isaac, Esaú frente a Jacob…. El mayor es Israel, fiel en la casa del Padre, pero sin corazón, con resentimiento: «Hace ya tantos años que te sirvo sin jamás haber traspasado tus mandatos» (Lc 15,29). Es el que no sabe lo que tiene: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todos mis bienes tuyos son» (v.31). Tiene envidia. Desea la tierra lejana y le cuesta la conversión. No entra a la fiesta; se queda fuera. La piedra de toque de la estructura de la justicia cristiana es el «no» a la envidia, el «sí» a la misericordia de Dios, la presencia de esta misericordia en nuestra misericordia fraterna”: es eso muy importante. Es el trabajo de convertirnos…

Por eso, hemos de ver desde el amor esa ley de Dios, a quien rezamos: “Tú promulgas tus decretos, para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas”. Una vez hemos quitado las malas hierbas de nuestra alma, queremos arar la tierra y convertirnos, darnos la vuelta, como se hace con la hierba mala, que sirve para abono. Así los pecados sirven para hacernos humildes, pedimos perdón y nos hacen más santos. La primera semana de Cuaresma se recordaba también la siembra en el campo. Queremos  sembrar la bondad de Dios y su palabra, el amor, brote en nosotros el don de Dios, la santidad.

A Jaimito le regalan una bicicleta el día de Reyes. Va con su madre al jardín y feliz se dedica a dar vueltas en la bici mientras su madre, sentada en un banco, se entretiene leyendo. Después de varias vueltas ya se siente seguro y empieza a hacer burradas para lucir sus habilidades. Al pasar por delante de su madre, levanta los pies de los pedales exclamando: ”Mamá, sin pies”. A la vuelta siguiente, saludándola con una mano: “Mamá, sin una mano”. Luego: “Mamá, sin manos”. Y a continuación, lloroso y sangrando por la boca: “Mamá, sin dientes”. Si no vamos con cuidado, lo lógico será que acabemos dándonos la bofetada. Y para ir con cuidado lo importante es obedecer las normas, los mandamientos de la ley de Dios: el amor a Dios y a los demás. Así como en Avatar se “enchufan” a las raíces o a la cabalgadura para conectar con el todo, nosotros queremos conectar con nuestro Padre Dios, cargar las pilas para llenarnos de amor. Si se descuida ese trato, al final no dominamos el potrillo salvaje que llevamos dentro, no controlamos y: “sin dientes”. Querer mantenerse en pie prescindiendo de los puntos de apoyo, es una “jaimitada” (Agustín Filgueiras Pita).

Por eso queremos basarnos en la fuerza de Dios, para continuar cantando con el salmista: “Te alabaré con sincero corazón; cuando aprenda tus justos mandamientos, quiero guardar tus leyes exactamente, tú no me abandones”. Había la tradición de celebrar témporas estos días. Se ofrecían a Dios así las cosechas, siguiendo tradiciones incluso de la Roma antigua. En esta primera semana de Cuaresma era la semana de la siembra. Y se confiaba a la Virgen en la “estación” a Santa María la Mayor.

Acudimos a la gran santa, Santa María, a quien se puede aplicar con plenitud las palabras del salmo de hoy: “dichosa la que camina en la voluntad del Señor”, y le decimos: “bajo tu amparo nos acogemos”. Bajo el manto de la Virgen estamos seguros, ella nos protege de los tropezones y nos lleva a Jesús: “muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. En todas nuestras dificultades podemos acudir siempre, con una confianza sin límites, a nuestra Madre.

Llucià Pou Sabaté 

 

 Fuente: www.almudi.org

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14 marzo 2014 5 14 /03 /marzo /2014 23:58

Meditación Mateo 5, 43-48: Sábado I Semana de Cuaresma.  Ciclo A. 15 de marzo, 2014.

Amar es la ley de los hijos

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»” (Mateo 5, 43-48).

 

1. Jesús nos dirá que somos mucho más que criaturas: ¡somos de la familia de Dios, hijos de Dios! Y nos quiere con locura; entonces ya solo vale la ley del amor, porque todos somos hermanos. Cuentan de Carlitos, con sus cuatro años, que está enfermo. Su madre está constantemente pendiente de él. El pequeño, sintiendo el cariño de su madre, le echa las manos al cuello y le dice:

-Mamá, te quiero mucho. Te quiero con todo “tu” corazón.

-No se dice con todo “tu” corazón. - Corrige la madre-. Tienes que decir con todo “mi” corazón.

El pequeño, que sabe perfectamente lo que quiere decir, rectifica a su vez:

-No, mamá. Con el tuyo que es más grande. El mío es pequeñito.

 “Con todo tú corazón”. Al crío le parecía poca la capacidad de su corazón para el amor que quería dar a su madre. Malo si no nos parece poca la capacidad de amor del nuestro, para todo lo que Dios nos merece y le debemos a Él y a los demás.

Poder amar con el corazón de Dios, eso es algo grande, pero es eso lo que pasa: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo, que se nos ha dado”. Por eso amar es tener un cachito de Dios, y podemos amar como Jesús: “como yo os he amado”. Y por eso Jesús lleva la Ley a la plenitud; dijo: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo””. Lo de “odiar a los enemigos” no venía en la ley de Moisés, sino que era de la interpretación rabínica, que Jesús desmonta. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos… sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».  Lumen gentium 40 recoge este reclamo divino a la llamada universal a la santidad, aunque no se refiere (el texto original y contexto) a tener el poder de Dios o una perfección nuestra, sino a beber de su amor y misericordia: ése es el sentido profundo de la santidad, que es exigente: amar a todos, ser misericordiosos y entregados por los demás, y poner buena cara incluso a los que ni nos saludan. «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma» (entrada).

Así Jesús aplica a la ley lo que el artista cuando pone colores sobre un boceto hecho al carbón (que sería la ley antigua: Teofilacto), no sólo no destruye el boceto, sino que lo completa, lo perfecciona, lo embellece, y le da mayor realismo. Jesús rejuvenece la Ley Antigua (Fillion) que había degenerado en un formalismo rudimentario, que con frecuencia sólo exigía actos externos. A aquella ley le faltaba subrayar la esencia, el amor: "No he venido a abolir la ley, sino a perfeccionarla" (Mt 5,17). Lo que era semilla, lo desarrolló y se convirtió en árbol: lo que era flor, lo transformó en fruto. Le pone corazón: “enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón" (Salmo 118: J. Martí Ballester).

“El Evangelio nos exhorta al amor más perfecto. Amar es querer el bien del otro y en esto se basa nuestra realización personal. No amamos para buscar nuestro bien, sino por el bien del amado, y haciéndolo así crecemos como personas” (Juan Costa Bou). El ser humano, afirmó el Concilio Vaticano II, “no puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”, y añadía Juan Pablo II, «el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente».

2. Moisés habló al pueblo de la Alianza, el pacto que hizo con Dios, diciendo: “Hoy el Señor tu Dios te manda que cumplas estas leyes... Guárdalas y cúmplelas con todo el corazón y con toda el alma. Hoy te has comprometido con el Señor a que Él sea tu Dios; a ir por sus caminos; a observar sus leyes...; y a  escuchar su voz. Y hoy el Señor se compromete a que seas su pueblo propio, como te lo había prometido... Él te elevará por encima de todas las naciones que ha hecho, en gloria, renombre y esplendor...” Las palabras de amistad entre Yahvé y su pueblo elegido tienen intimidad, compromiso y gran ternura. "Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo". Es una especie de contrato bilateral, en el que Dios se compromete a cuidarnos, y nos pide que le amemos y obedezcamos, aunque Él es siempre fiel, también si nosotros no lo somos. ¡Qué bonito, ser del Señor, de los suyos, de su gente! ¡Vivir aquello que nos dice: «buscad primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura» (Mt 6,33).

3. Con la oración del sábado volvemos al principio de la semana: «conversión» de la muerte a la vida. Es una conversión a la verdad, «obrar la verdad», afirma San Agustín, interpretando a San Juan: «El que obra la verdad viene a la luz» (Jn 3,21). En el salmo paladeamos: “dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón”. La imagen del hijo pródigo que se convierte y vuelve nos anima estos días, pero también su hermano nos sirve para no ser como él. Desde Caín y Abel, los dos hermanos suelen representar en las palabras de Jesús los que están lejos y cerca, el mayor tiene un triste papel: Ismael frente a Isaac, Esaú frente a Jacob…. El mayor es Israel, fiel en la casa del Padre, pero sin corazón, con resentimiento: «Hace ya tantos años que te sirvo sin jamás haber traspasado tus mandatos» (Lc 15,29). Es el que no sabe lo que tiene: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todos mis bienes tuyos son» (v.31). Tiene envidia. Desea la tierra lejana y le cuesta la conversión. No entra a la fiesta; se queda fuera. La piedra de toque de la estructura de la justicia cristiana es el «no» a la envidia, el «sí» a la misericordia de Dios, la presencia de esta misericordia en nuestra misericordia fraterna”: es eso muy importante. Es el trabajo de convertirnos…

Por eso, hemos de ver desde el amor esa ley de Dios, a quien rezamos: “Tú promulgas tus decretos, para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas”. Una vez hemos quitado las malas hierbas de nuestra alma, queremos arar la tierra y convertirnos, darnos la vuelta, como se hace con la hierba mala, que sirve para abono. Así los pecados sirven para hacernos humildes, pedimos perdón y nos hacen más santos. La primera semana de Cuaresma se recordaba también la siembra en el campo. Queremos  sembrar la bondad de Dios y su palabra, el amor, brote en nosotros el don de Dios, la santidad.

A Jaimito le regalan una bicicleta el día de Reyes. Va con su madre al jardín y feliz se dedica a dar vueltas en la bici mientras su madre, sentada en un banco, se entretiene leyendo. Después de varias vueltas ya se siente seguro y empieza a hacer burradas para lucir sus habilidades. Al pasar por delante de su madre, levanta los pies de los pedales exclamando: ”Mamá, sin pies”. A la vuelta siguiente, saludándola con una mano: “Mamá, sin una mano”. Luego: “Mamá, sin manos”. Y a continuación, lloroso y sangrando por la boca: “Mamá, sin dientes”. Si no vamos con cuidado, lo lógico será que acabemos dándonos la bofetada. Y para ir con cuidado lo importante es obedecer las normas, los mandamientos de la ley de Dios: el amor a Dios y a los demás. Así como en Avatar se “enchufan” a las raíces o a la cabalgadura para conectar con el todo, nosotros queremos conectar con nuestro Padre Dios, cargar las pilas para llenarnos de amor. Si se descuida ese trato, al final no dominamos el potrillo salvaje que llevamos dentro, no controlamos y: “sin dientes”. Querer mantenerse en pie prescindiendo de los puntos de apoyo, es una “jaimitada” (Agustín Filgueiras Pita).

Por eso queremos basarnos en la fuerza de Dios, para continuar cantando con el salmista: “Te alabaré con sincero corazón; cuando aprenda tus justos mandamientos, quiero guardar tus leyes exactamente, tú no me abandones”. Había la tradición de celebrar témporas estos días. Se ofrecían a Dios así las cosechas, siguiendo tradiciones incluso de la Roma antigua. En esta primera semana de Cuaresma era la semana de la siembra. Y se confiaba a la Virgen en la “estación” a Santa María la Mayor.

Acudimos a la gran santa, Santa María, a quien se puede aplicar con plenitud las palabras del salmo de hoy: “dichosa la que camina en la voluntad del Señor”, y le decimos: “bajo tu amparo nos acogemos”. Bajo el manto de la Virgen estamos seguros, ella nos protege de los tropezones y nos lleva a Jesús: “muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. En todas nuestras dificultades podemos acudir siempre, con una confianza sin límites, a nuestra Madre.

Llucià Pou Sabaté 

 

 Fuente: www.almudi.org

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14 marzo 2014 5 14 /03 /marzo /2014 00:13

Meditación Mateo 5,20-26: Viernes I Semana de Cuaresma:. Ciclo A. 14 de marzo, 2014.

Dios quiere nuestra conversión, que se manifieste en el amor a los demás

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.
Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo
»” (Mateo 5,20-26).

 

1. ¡Lo explicas tan bien, Señor! Es como una explicación de lo que será la multiplicación de los panes, pero en el amor: el decálogo ya no es abolido, sino llevado a la plenitud con tu Palabra. Usas la antítesis: «... se dijo a los antiguos, pero yo os digo», pues eres el nuevo Moisés, o mejor del que habló Moisés, eres el Legislador: «El Señor, tu Dios, te suscitará de en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo; a él le oirás» (Dt 18,15). Era el deseo de siempre: «No ha vuelto a surgir en Israel el profeta semejante a Moisés, con quien cara a cara tratase Yahveh» (Dt 34,10), El nuevo Profeta es aquel que habla con Dios cara a cara. Pero es mucho más. La antítesis no es «Moisés dijo», «yo digo»; la antítesis es «se dijo», «Yo digo». Esta pasiva «se dijo» es la forma hebraica de velar el nombre de Dios. Debe traducirse así: «Dios dijo a los antiguos, pero yo os digo»: la antítesis es «Dios dijo». «Yo digo»; Jesús habla al mismo nivel de Dios. Este «Yo» es un Yo divino. Esto es lo nuevo: «Lo viejo pasó, se ha hecho nuevo» (2 Cor 5,17): «He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). La oración después de la comunión lo señala: «Señor, que esta eucaristía nos renueve para que, superando nuestra vida caduca, lleguemos a participar de los bienes de la redención» (Joseph Ratzinger, “El camino pascual”).

-“Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás"... Pero yo os digo: "No os irritéis contra vuestro hermano..."” Como dirá luego la primera lectura, vemos aquí que Jesús interioriza la ley, va a la raíz -la "cólera"- de no-amar. A la luz de estas palabras, examino mis relaciones humanas. En este tiempo de cuaresma, es bueno proyectar esa luz exigente sobre mis relaciones cotidianas. ¿Me dejo llevar por mi temperamento? ¿Soy despreciativo? ¿Soy duro en mis palabras?

-“Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar...” Si hay discordia entre los hombres, la relación con Dios también se rompe. ¡Dios rehúsa la muestra de amor que pretendemos darle, cuando no amamos también a sus hermanos! Esto no quiere decir que si al ir a comulgar nos acordamos de alguien con quien nos enfadamos, tengamos que salir de la fila para ir a buscarlo… pero sí que en nuestro corazón hagamos el propósito de hacer las paces en la primera ocasión, y pidamos ayuda al Señor en la comunión. Además, es bonito saber que quien juzga a los demás, tendrá juicio en la muerte. Pero el que no juzga, no será juzgado… –“Ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda”. No es posible tener odio al hermano y participar en la Eucaristía, sacramento del Amor. “Expulse el amor de la humildad el espíritu de la soberbia, fuente de todo pecado, y mitigue la mansedumbre a los que infla el orgullo. Los que con sus ofensas han exasperado los ánimos, reconciliados entre sí, busquen entrar en la unidad de la concordia. No volváis mal por mal, sino perdonaos mutuamente, como Cristo nos ha perdonado. Suprimid las enemistades humanas con la paz...” (San León Magno).

Es aquel “perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12), y sigue San León: “es absolutamente cierto que, al conceder el perdón a las ofensas de los otros, nos disponemos nosotros mismos para alcanzar la clemencia divina”.

Morir a la ley del gusto es un buen propósito para hoy: no hacer las cosas porque me gusta, me apetece, me va bien.... me contaron una historia: Dos hermanitos vestidos de forma harapienta, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de la calle que rodea la colina. Nadie les daba… hasta que una señora les dio una lata de leche.

Se sentaron los dos en la acera. El más pequeño le dijo al de diez años: "tú eres el mayor, toma primero”... y lo miraba relamiéndose.

Se lleva la lata a la boca y simulando que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entrase ni una sola gota de leche. Después decía al hermano: "Ahora es tu turno. Sólo un poquito." Y el hermanito, dando un trago exclamaba: "¡Está sabrosa!"

"Ahora yo", dice el mayor. Y llevándose a la boca la latita, ya medio vacía, no bebía nada. "Ahora tú", "Ahora yo", "Ahora tú", "Ahora yo"... Y, después de varios tragos, el menor se acababa toda la leche... él solito.

El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata vacía de leche. Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría. Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia. De aquél muchacho podemos aprender una gran lección: "Quien da es más feliz que quien recibe." Es así que debemos amar. Sacrificándonos con tanta naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción, que los demás ni siquiera puedan agradecernos el servicio que les prestamos." ¿Cómo podrías hoy encontrar un poco de esta "felicidad" y hacer la vida de alguien mejor, con más "gusto de ser vivida"? Cerca de nosotros puede haber un amigo que necesita de nuestro hombro, de nuestro consuelo y, quizá aún más, de un poco de nuestra paz.... Madre mía, que siempre actúe para darles gusto a mis padres, a mis hermanos; que muera a la ley del gusto mío.

2. El profeta Ezequiel, en medio de un templo y religión destruidos por la guerra, y muchos en el destierro, habla de escuchar a Dios con el corazón, que dice: -“¿Es que quiero yo la muerte del malvado y que no se convierta de su camino y viva?” Claro, para esto está la Cuaresma, para hacer las paces, el arrepentimiento: «Convertíos a Mí de todo corazón». La conversión ha de verse en las buenas obras: ser más caritativos, más serviciales, más cariñosos, más amables, más desprendidos, más bondadosos. Dice San Clemente Romano: «Seamos humildes, dejando toda chulería, aparentar y tontería, y los arrebatos de la ira..., emprendamos otra vez la meta de la paz…» recemos también por todos los pecadores, pues dice también el profeta: “Si el malvado se convierte de todos los pecados… vivirá, y no morirá. Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá… preserva su vida. Él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá”. Es una llamada a la responsabilidad personal, y al perdón. Ezequiel insiste también sobre la «bondad» y sobre la «responsabilidad». ¡Dios se ha comprometido en el gran combate contra la "maldad"! Está por el "derecho y la justicia."

Y ahí está la libertad de la persona: “Esta liberación, el descubrimiento de la unicidad de la persona, es el corazón de la libertad. Esta liberación es el fruto de la fe en Dios-persona, o mejor aún: esta liberación proviene de la revelación de Dios-persona. La liberación, y con ella la libertad misma desaparece -no al instante, por supuesto, pero sí con una lógica implacable- cuando este Dios se pierde de vista en el mundo. Este Dios no es -como dicen los marxistas- instrumento de esclavitud; la historia nos enseña exactamente lo contrario: el valor indestructible de la persona humana depende de la presencia de un Dios personal” (Ratzinger).

3. «Desde el fondo del corazón a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?” Pedimos en la entrada de hoy: «Señor, ensancha mi corazón oprimido y sácame de mis tribulaciones. Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados» (Sal 24,17-18). No podemos apalancarnos, ahorrarnos la búsqueda personal de Dios y la conversión a él. "Si no sois mejores que los letrados y fariseos no entraréis en el Reino de los cielos" (Mt 5, 20). Nos sentimos pobres ante el Señor, necesitados de su misericordia, pues no somos perfectos sino siempre “en construcción”, de la mano de Dios. Hemos quitado los “estados de perfección” (los religiosos se llamaban así), pues de lo que se trata es en encontrar cada “la perfección en su propio estado”. Y también hemos de perder las ideas falsas de Dios como justiciero o al modo humano. Buda decía alegóricamente: "si encuentras a Dios, mátalo". Se puede entender en el sentido de que: Si ya tienes una imagen de Dios, destrózala, porque Dios no se parece a esa imagen, está más allá y debes de seguir buscándolo. San Agustín dice: "Si lo comprendes, ya no es Dios".

Lo que sí nos ha dicho Jesús de Dios Padre es que perdona: “Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y Él redimirá a Israel de todos sus delitos». Qué bonito el salmo de perdón, que me lleva a sentirme perdonado por Dios, porque yo también perdono a los demás. Esto cuesta. Y por eso pedimos en la Colecta: «Que tu pueblo, Señor, como preparación a las fiestas de Pascua, se entregue a las penitencias corporales, y que nuestra austeridad comunitaria sirva para la renovación espiritual de tus fieles».

Llucià Pou Sabaté

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13 marzo 2014 4 13 /03 /marzo /2014 03:39

Meditación: Mateo 7,7-12. Jueves Primera Semana de Cuaresma. Ciclo A. 13 de marzo, 2014.

 

El núcleo de la oración cristiana es la confianza en Dios

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas» (Mateo 7,7-12).

 

1. Jesús nos anima a rezar como niños a su padre: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Nos anima a rezar, y Dios, que es profundamente bueno, desea "dar" cosas buenas a sus hijos que se lo pidan, con una confianza total. Sabemos que Dios ya sabe lo que tenemos necesidad, y por eso a veces nos preguntamos si hemos de pedir o solo darle gracias y adorarle. Si nos hacemos pequeños, vemos que también la oración tiene otros dos fines: pedir perdón y petición de cosas. Son también los cuatro fines de la Misa. Hay algo en el templo de nuestra alma, que se hace grande cuando vivimos la oración en una u otra forma, según están recogidas en el Padrenuestro, y a veces haremos más petición y otras más actos de abandono en su providencia amorosa. Es un misterio el modo en que Dios nos concede siempre lo que le pedimos, porque nos lo da muchas veces de un modo diverso, que no entendemos, pero sabemos que es bueno y lo que nos conviene. No podemos entender a Dios y meterlo en nuestra pobre cabeza, como dice aquella canción: “deja que Dios haga de Dios, tú adórale…”; hemos de aprender a ser humildes y pedir como hacen los niños. Un Dios que no pudiera hacer milagros no sería Dios… si Dios es amor, ¿por qué parece que deja que nos haga daño la vida? Parece que verdad y amor no coincidan. Cabeza y corazón se contraponen, pero la inteligencia y el amor se funden en la oración, y entonces descubrimos que no hay más verdad que la que es amorosa ni más amor que el verdadero… y que esta es la verdad que nos da libertad… en la oración descubrimos la profunda unidad entre verdad, amor y libertad, que fundan todo acto humano y divino.

-“Porque quien pide recibe. Quien busca halla. A quien llama se le abre”. A veces dudo, porque ¡hay tantas plegarias aparentemente no atendidas! Quizá rezamos mal, quizá nos falta confianza y verdadera familiaridad con Dios. Sé que nos atiendes, Señor, pero no en lo que te pedimos exactamente. Y no entiendo. Pero me fío. Además, todos tenemos experiencia: yo te pedía "una" cosa precisa, y no la recibí... pero recibí de ti y de mi propia oración, una gran paz, una inmensa aceptación interior. He sido yo el que he cambiado por mi oración. ¿Es así como acoges nuestras súplicas, Señor?

 -“¿Quién de vosotros es el que si su hijo le pide pan, le da una piedra o si le pide un pez, le da una serpiente?” No se le ocurrirá a un padre darle una piedra o una serpiente al hijo. Esta experiencia de amor paterno o materno puede hacerme comprender que ciertas plegarias no sean atendidas, aparentemente. Aunque puedo ponerme la pega de que yo no doy siempre lo que esperan los demás de mí…

-“Si, pues, vosotros siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará cosas buenas a quien se las pide!” Todo depende de la bondad y del amor de ti, Señor. Tú nos amas. Eres padre. Eres madre. Quiere darnos cosas buenas. Necesito, quizá, llegar a descubrir que lo que me sienta mal, que no me gusta, mis pruebas y contrariedades... contienen una gracia, y son, de tu mano una "cosa buena" a recibir. Misterio del sufrimiento que agranda a un ser. Misterio de la enfermedad, de la soledad, de la vejez. Todo es aprendizaje.

-“Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos”. He aquí lo que evitaría muchos contratiempos. Que sepa yo encontrar en ello mi alegría (Noel Quesson).

Los mandamientos son sencillamente la explicación concreta de las exigencias del amor. Pero tampoco el amor es una opción arbitraria: el amor es el contenido del ser; el amor es la verdad. La verdad sobre la persona se va mutilando, como ahora se ahoga la corporalidad, se quita la fe de exigencias morales, como si la oración fuera una especie de yoga y estar en un nirvana. Aprendemos a renunciar a nuestros deseos, no eliminándolos sino por la oración integrándolos en la obediencia a lo que Dios quiere, así nos disponemos a desear el bien y nos hacemos buenos hablando con aquel que es la bondad misma. Es un proceso de transformación (Ratzinger). Es lo que pedimos en la colecta: «Concédenos la gracia, Señor, de pensar y practicar siempre el bien, y pues sin ti no podemos ni existir ni ser buenos, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor...»

Lourdes escribió en el blog http://primeroseducadores.blogspot.com/ estas palabras, preciosas que seguro que si nos hacemos “peques” entenderemos: “ayer tarde hice una prueba con mis hijos, yo les recitaba el Padre Nuestro y ellos me explicaban su significado, el resumen es el siguiente:

-“Padre Nuestro”: Mi Papi, Tu Papi.

-“Que estás en el cielo”: Ellos veían con naturalidad que su Papi Dios esté flotando en lo alto de una nube o sentando en una estrella, para ellos no hay nada imposible, sólo hay que imaginarlo porque los niños no sueñan con la mente sino con el corazón, entonces vi como su Papi, tu Papi, mi Papi estaba sentado en la estrella que habita en su corazón.

-“Santificado sea tu nombre”: Aquí se acordaron de que Santificado es eso que nos dice mamá que tenemos que ser de mayores, "Santos": ¡claro!, su Papi, tu Papi, mi Papi es lo más de lo más, es SANTO y REyyyy -gritaban alborotados porque después venía lo del reinado.

-“Venga a nosotros tu reino”, donde podremos jugar al balón, a la comba y a la Wii.

-“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, eso, jugamos a todos los juegos que nuestro Papi diga porque como es SANTO Y REY se le ocurren los juegos mas divertidos.

-“No nos dejes caer en la tentación”, su Papi no les dejaría meterse en los charcos porque aunque es divertido luego terminamos empapados.

-“Líbranos del mal”, mi Papi me rescatará si viene una inundación (como Spiderman...)

-“AMÉN”, es la mejor respuesta: -“¿que significa Amén?”

-“Mamá, qué va a significar, pues eso: Amén”. (Claro, si está clarísimo… se entiende muy bien…)

La conversación fue bastante más larga y divertida, pero resumido puede quedar así, animo a que hagáis la prueba y vais a ver cómo aprendéis mucho de sus comentarios. A mí me enseñaron que no existe nada mejor que su Papi, tu Papi, mi Papi porque lo puede todo, todo, todo y estar con Él es lo mas divertido”.

Pues eso, nos hemos metido un poco en lo que es el cielo y nuestro Padre, y el corazón de una madre que sabe hacer que sus hijos quieran al padre. El amor lleva a que la madre enseñe a pronunciar “papá” y ella desaparecer, pensar en los demás: “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas».

2. Ester y su pueblo están en gran peligro. Ester se refugió en el Señor, presa de mortal angustia. La situación del pueblo judío era dramática. Dispersos, perseguidos y despreciados. Ella tenía miedo y rezó así: "Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro”. Está en un “bajón”, sólo ve en ella debilidad y pobreza. Se atreve a mirar su gran pobreza, a reconocerla y a confesarla ¡Soledad! Es uno de los mayores sufrimientos. "Estoy sola". Esa impresión de no tener muchos amigos, y aun estando cerca de ellos, no poder contarles todo. Esto pasa también en la vida conyugal y familiar: esa dificultad para el intercambio, para la participación sincera. Hay días en los que estamos y nos sentimos «solos», aislados, con el corazón vacío... en los que se tiene la impresión de no ser comprendido. ¿Hay que aceptarlo, y nada más? o bien, como Ester, ¿ir a Dios y expansionarse con Él? A los estoicos y a los fuertes esto puede parecer una debilidad supletoria. Señor, yo no pretendo ser fuerte, quiero saber solamente que Tú sí me escuchas y me comprendes. ¡Sería una lástima que yo me mantuviera dándole vueltas a mis penas en lugar de vaciarlas en tu corazón y liberarme de ellas en lo posible!

“Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la pena, y dame valor, Señor… Pon en mi boca un discurso acertado… A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo." Ester es un ejemplo de cómo rezar en la angustia. Decirle a Dios lo que nos pasa: "Estoy sola…", no tengo amigas… con el corazón vacío... no me siento comprendida. Y ella no sólo acepta esa situación, sino que se sobrepone y reza (Noel Quesson).

-“Dame valor... Pon en mis labios palabras armoniosas”...  Es una plegaria que pide a Dios que "lleguemos a representar nuestro papel". «Señor, danos fuerza para lograrlo... "Ilumíname, dame el mejor discurso para salir de mi soledad". Pide saber interpretar ese papel, como tantas personas que les podrían dar el Oscar de mejor actriz, al tener que interpretar papeles duros… Maravilloso ¿verdad?: «¡Dame valor!». Una oración para repetirla a menudo. –“Líbranos, acude en socorro de mí que no tengo a nadie sino a ti, Tú lo sabes todo”. Oración confiada... Totalmente abandonado en las manos del Padre... (Noel Quesson).

3. Y cuando sale del peligro: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. / Me postraré ante tu santo Templo, y daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. / Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma”.  Queremos estar, como decía la canción del verano 2009, “colgado de tus manos”, Señor, como un niño en el regazo de su madre, para no tener miedo, para sentir el calor de tus caricias. Iré con la Virgen, mi Madre, que es el camino más fácil, ella me enseñará: “Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos!

Llucià Pou Sabaté

 

 

 Fuente: www.almudi.org

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11 marzo 2014 2 11 /03 /marzo /2014 17:35

Meditación Miércoles Primera Semana de Cuaresma: Lucas 11,29-32. Ciclo A. 12 de marzo, 2014.

No hemos de pedir cosas mágicas a Jesús, el éxito de la vida es tenerlo a Él mismo como Amigo, y con Él tenemos todo lo demás, para verlo así necesitamos conversión

“En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás»” (Lucas 11,29-32).

 

1. La reina de Sabá vino desde muy lejos, atraída por la fama de sabio del rey Salomón. Los habitantes de Nínive hicieron caso a la primera a la voz del profeta Jonás y se convirtieron. Jesús dice que aquella Reina “vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás”. Le pedimos que no tengamos el corazón duro, y hagamos caso de esta llamada a mejorar. ¡Qué pena, cuando Jesús «vino a los suyos y los suyos no le reconocieron»! Hoy hace una semana que iniciamos la Cuaresma con el rito de la ceniza. ¿Hemos entrado en serio en este camino de los 40 días?, ¿en casa notan ya que estoy mejorando?: si controlo un poco más el potro salvaje que llevo dentro, que hay que domar (ayuno, sacrificio). Si conecto con Jesús como hijo de Dios que es algo mucho más mágico que los de Avatar conectando con la madre tierra o con su cabalgadura pues así “cargamos las pilas” y nos encendemos de energía de amor de Dios, nos revestimos de la coraza de la fortaleza para arrancar las malas hierbas del egoísmo en nuestra vida (oración). Si una vez hemos preparado nuestra alma sembramos la buena semilla del amor y la llevamos a todos con el servicio y la sonrisa (caridad): «Señor, mira complacido a tu pueblo, que desea entregarse a Ti con una vida santa; y a los que moderan su cuerpo con la penitencia, transfórmales interiormente mediante el fruto de las buenas obras» (oración colecta). Hay quien piensa que ser feliz es tener una consola o el último juego de ordenador, o tener suerte con los exámenes o con los amigos o con la lotería, tener éxito. Pero el éxito es tener a Jesús, ahí está todo. Él dice: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre», el “todo será mejor” del cielo. Queremos ver a Jesús, que se haga realidad todo lo que soñamos, ese mundo mejor, y, de este modo, estar seguros. Jesús responde: «Sí, podéis ver». Ese mundo mágico del Padre se ha hecho visible en el Hijo.

2. Jonás fue a Nínive, la gran ciudad, y predicó durante un día entero: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida". Los ninivitas creyeron en Dios: promulgaron un ayuno y todos, grandes y pequeños, se vistieron de sayal. También el rey de Nínive, al enterarse, se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió de sayal y se sentó en el suelo. Luego mandó pregonar en Nínive este bando: "Por orden del rey y sus ministros, que hombres y bestia, ganado mayor y menor, no prueben bocado, ni pasten ni beban agua. Que se vistan de sayal, clamen a Dios con fuerza y que todos se conviertan de su mala conducta y de sus violentas acciones". Y Dios protegió la ciudad.

Jonás lo pasó mal, cuentan que no se portaba muy bien y se lo tragó un monstruo marino y los tres días y las tres noches que pasó en el corazón de la tierra, en «lo profundo de los infiernos» quedó marcado, las huellas de la experiencia de la muerte le hicieron madurar, dejó de ser un joven frívolo y salió hecho un profeta de pies a cabeza. Señor, si a veces lo paso mal, y Tú lo permites, que aproveche aquel “castigo” no para encerrarme en mis tonterías, sino para madurar. No para quedarme en mi habitación llorando sin abrir a nadie diciendo “no quiero cenar ni hablar con nadie”, “quiero morirme”, “no quiero respirar”, sino diciéndome: “si Tú quieres esto, Señor, será como tus tres días de estar en la Cruz y en el sepulcro, será para resucitar como el gusano que se transforma en mariposa, para vivir a una vida mejor, para transformarme en una persona mucho más fuerte y aprovechar de esta “crisis” y con ayuda de la Virgen, que me trae toda Gracia, que sea una “oportunidad” de victoria.

3. Ver a Jesús; ésta es la respuesta. Rezar nos cansa a veces, no sabemos. Hemos de purificarnos, nuestra alma está “miope”, por eso ahora que dentro de cuarenta días será Pascua, la gran fiesta de  nuestra salvación, vamos a prepararnos… con el salmo de hoy: «oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme». Nos invita la Iglesia a pedir perdón y a perdonarnos unos a otros. Y por mucho que nos cueste algo, más grande es la misericordia de Dios. Vamos aprendiendo a hacer la confesión con sinceridad, como dice el salmo: “¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! / ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! / Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. / No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu”.

Dios no se asusta de mí. Quizá hayas visto la película "Tarzán en Nueva York". Describe las divertidas aventuras de Tarzán y Chita cuando son trasladados en avión desde la selva a la ciudad de los rascacielos, donde todo les llena de asombro y les ocurren mil peripecias. Chita protagoniza una de las sorpresas: al llegar a la habitación del hotel ve reflejada su fea cara sobre el gran espejo del armario. El susto fue tan descomunal que, lanzando un terrible bramido presa de pavor, salió corriendo: no se imaginaba que aquel feísimo "monstruo" que ha visto en la habitación es su propia imagen reflejada en el espejo. La escena acaba bien: Chita se refugió en los brazos de Tarzán, que la cogió con afecto, calmándola con sus caricias. Y es que Tarzán quería a Chita como era: con sus pelos negros y largos, su rostro de irracional y su mirada extraviada.

Dios nos quiere a cada uno de nosotros infinitamente más: sabe mejor que nadie cómo somos; conoce nuestros fallos; no ignora que somos miserables y que tenemos muchos defectos. Nos conoce mucho mejor que podemos conocernos a nosotros mismos, y tiene en cuenta nuestras cosas buenas y nuestros deseos de mejorar (José Pedro Manglano). Dios no se asusta de nuestras tonterías. Gracias, Dios mío, porque me quieres a mí y a cada uno más que todas las madres del mundo puedan querer a sus hijos; no te asustas ante nuestras torpezas, ni ante nuestras miserias, y nos acoges con un cariño infinitamente mayor que el que tenía Tarzán a Chita. El problema es que cuando yo voy descubriendo mis limitaciones, fallos, miserias, etc., me puedo "medio asustar" y pensar que no me es posible ser santo, que no puedo estar cerca de ti, entonces puedo desanimarme, olvidarme de que Tú me quieres como soy, y alejarme de Ti. Que no me pase esto, Señor. Si alguna vez me alejo de Ti, volveré corriendo a tu lado contándote lo que me pasa. Y también a las personas que me fío: padres, hermanos, abuelos, parientes, en el cole el preceptor o tutor,  amigos y sacerdote, etc., porque cuando se me mete una idea de que soy super-raro y el único que le pasa algo, como que tengo una cara fea porque me sale un grano, en cuanto lo cuento y me dicen que es normal… me quedo ya tranquilo. Y esto en todo…

¿Por qué descorazonarnos, cuando en nuestro camino de conversión encontramos algo que se nos hace tremendamente difícil de superar? ¿Somos más grandes nosotros que la Misericordia de Dios? ¿Es más milagroso el hecho de que una mujer vaya a escuchar a Salomón, o el que una ciudad completa, se convierta ante la voz de un profeta, que la Resurrección del Hijo de Dios? Muchas veces a lo largo de la vida hemos pedido perdón, y muchas veces nos ha perdonado el Señor. Cada uno de nosotros sabe cuánto necesita de la misericordia divina: Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas (Salmo 24, 6), leemos en la Antífona de la Misa. La Cuaresma es un tiempo oportuno para cuidar muy bien el modo de recibir el sacramento de la Penitencia, ese encuentro con Cristo, que se hace presente en el sacerdote. Allí nos acoge, nos cura, nos limpia, nos fortalece. Cuando nos acercamos a este sacramento debemos pensar ante todo en Cristo. Él debe ser el centro del acto sacramental. Y la gloria y el amor a Dios han de contar más que nuestros pecados. Se trata de mirar mucho más a Jesús que a nosotros mismos; más a su bondad que a nuestra miseria, pues la vida interior es un diálogo de amor en el que Dios es siempre el punto de referencia. Somos como el hijo pródigo que vuelve a la casa paterna (Francisco Fernández Carvajal).

Llucià Pou Sabaté

Fuente: www.almudi.org

 

 

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11 marzo 2014 2 11 /03 /marzo /2014 02:09

Meditación: Mt 6,7-15: Martes Primera Semana de Cuaresma: Ciclo A.  11 de marzo, 2014

La oración transforma el alma como tierra fértil para acoger la semilla divina, a ejemplo de santa María.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,7-15).

 

1. Jesús nos recomienda la oración y nos enseña el «Padrenuestro». Podemos hablar con Dios como padre, llamarle “papá”, con una confianza de niño pequeño con su padre, santa osadía. Es tan bonito ver que no es un “dios” lejano al que rendimos homenaje y pedimos a cambio cosas, sino un “padre” al que amamos y que espera de nosotros correspondencia a su amor. La palabra "abba" expresa esa confianza extrema en aquella tierra, la que los niños usan al echarse en brazos de su padre: algo así como "¡papaíto querido!": Jesús nos anima a tratar a Dios como padre, como Él lo trata: “Padre nuestro, que estás en el cielo, / sólo tu eres santo, / tu estás por encima de todo, / eres ternura y misericordia. / ¡Bendito sea tu nombre! / ¡No abandones la obra de tus manos, / hazte reconocer por lo que eres, / que venga tu Reino, / que los hombres descubran tu presencia, / pues tú eres el Dios fiel!

¡Danos hoy el pan de la vida, / tu palabra y tu Hijo, / tu gracia y tu luz, / para el camino de este día! / ¡Bendito seas, / tú que has cancelado toda nuestras deudas / salvándonos por Jesucristo: / también hoy perdónanos, / como nosotros perdonamos / a todos los que nos ofenden, / en la paz de tu gracia! / ¡Padre, / no nos sometas a la gran prueba, / guárdanos en la fe y la esperanza / pues nunca renegaremos de tu nombre y tu palabra! /¡Líbranos del Adversario, / pues tú eres nuestro Dios, el único, / Dios santo, Padre de ternura!” (Sal Terrae).

Esto es la oración, que nuestro corazón se haga campo para la palabra como decía el profeta, tierra que se deja absorber por la semilla. María es la que mejor «guardaba» la palabra en su corazón y daba fruto. Ella ha llevado en sí todo el pueblo de Israel, sus esperanzas, y la Promesa, Jesús. Ella, entregada a la oración, ha convertido el sufrimiento y la grandeza de aquella historia en tierra fértil para el Dios vivo. Gracias, Madre mía, porque te haces tierra, ser transformada en aquel que tiene necesidad de nosotros para hacerse fruto de la tierra. Te pido que hagas realidad la oración colecta de hoy: hacernos deseo ardiente de Dios. En este tiempo de hacer cosas, de activismo y poca contemplación, acudimos a tu intercesión para profundizar  de la oración, el anhelo de Dios y la fe, para que como la semilla germinó en tualma, y una nueva vida pudiera ver la luz, también nosotros acojamos a Jesús.

2. Cuentan de un hombre que estaba arriba el  tejado de casa suya durante una inundación; el agua le llegaba a los pies, y pasó uno con una canoa y dijo:

-"He venido a salvarte!"

-"¡No!, dijo él, he rezado a mi Dios y Él me salvará".

Pasaba el tiempo, el agua le llegaba ya a la cintura, cuando llegó una lancha a motor:

-"Quieres que te lleve a un lugar más alto?"

-"No, gracias, tengo fe en Dios, a quien he rezado y él me salvará."

-"Tú te lo pierdes...!"- cogió la lancha y se fue. Y cuanto el agua le llegaba al cuello, lo vio un helicóptero que desde lejos lo había visto, con las sirenas encendidas, y con el altavoz le gritan:

-"¡Cógete a esta cuerda y te subiremos!"

-"¡no gracias, he rezado a mi Señor y tengo fe en él, que me salvarà!”

Desconcertado el piloto, dejó aquel hombre al tejado, y poco después, moría ahogado; y cuanto fue a recibir la recompensa, que se presentó ante Dios, le dijo:

-"Señor, yo tenía total fe en que tú me salvarías y me has abandonado: ¿Porqué?".

Y dice la historieta que Dios le contestó: "¿Que más querías que hiciera?: fuiste tú que no quisiste salvarte. Yo te envié una canoa, una lancha a motor y un helicóptero, ¿qué más querías?"

Bien, a veces no sabemos reconocer estas señales de Dios, y nos obsesionamos, nos ahogamos por un problema y la solución está a nuestro lado; buscamos una felicidad de maneras equivocadas, en lugar de disfrutar de lo que se nos da. El Señor nos escucha siempre, pero no siempre de la forma que le pedimos… A veces pedimos las grandes cosas, y Dios está en las pequeñas cosas, las que pasen hoy y ahora, cada día y a  cada hora concreta, en cada momento... ahí nos da “el pan nuestro de cada día”… No podemos dejar pasar aquella oportunidad, cada momento es especial…

Hay una canción de uno que se cree el Rey que manda más que nadie y dice “y mi palabra es la ley…” esto no verdad, porque ya vimos el domingo que no somos Dios, y nos estropeamos si no queremos obedecer la ley de Dios, como nos dice hoy por boca del profeta Isaías. En contra de lo que dice el profeta, Israel no obedece. La semilla de Dios en el mundo no parece dar resultados. Isaías, profeta del consuelo, canta cuanto hay de bello y de hermoso en el mundo  para devolver la ilusión y la esperanza. Confianza en que a pesar de todo, Dios concede esos dones que promete: “Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé”.

Jesús, sé que eres tú la Palabra encarnada, que da fruto y nos salva. En ti, Señor, tu Padre Dios se ha comprometido con nosotros, eres la nueva Alianza, nuestra salvación. Y eres la misma palabra de Dios que te nos das en la Eucaristía, como dice hoy la oración sobre las ofrendas: "transforma en sacramento de vida eterna el pan y el vino  que has creado para sustento temporal del hombre". Tú nos divinizas, Señor, contigo la tierra ya no será desolada, sino fértil porque acogerá esta simiente divina. Aquí vemos también a María, tierra santa de la Iglesia: que la palabra de Dios no quedó vacía y limitada a sí misma, sino que asumió lo otro, la tierra; en la «tierra» de la Madre, la palabra se hace hombre, y ahora, amasada con la tierra de la humanidad entera, puede de nuevo volver a Dios. La Virgen María es la que sabe decir que sí a lo que Dios le pide, y es estupendo cómo nos trajo a Jesús.

3. Por eso dice el salmo que el Señor está al lado de los que tienen roto el corazón, y los ayuda: “Engrandeced conmigo a Yahveh, ensalcemos su nombre todos juntos”. Al buscarte, Señor, me libras de mis miedos: “He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores. Los que miran hacia él, refulgirán: no habrá sonrojo en su semblante”. Eres mi roca que me da paz: “Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias. Los ojos de Yahveh sobre los justos, y sus oídos hacia su clamor”. Nos libras de toda angustia, y me levantas de toda pena: “Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón. Él salva a los espíritus hundidos”.

Llucià Pou Sabaté

 

 

Fuente: www.almudi.org

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8 marzo 2014 6 08 /03 /marzo /2014 18:59

Meditación: Mateo 4, 1-11: Primer Domingo de Cuaresma.  Ciclo A. 9 de marzo, 2014.

«Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. Y acercándose el tentador le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. EL respondiendo dijo: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios. Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles, de que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra. Y le respondió Jesús: Escrito está también: no tentarás al Señor tu Dios. De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras. Entonces le respondió Jesús: Apártate Satanás, pues escrito está: Al Señor adorarás y a El solo darás culto. Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían». (Mateo 4, 1-11)

 

1º. Jesús, te has retirado al desierto para prepararte antes de empezar tu predicación.

Y te preparas con más oración y con más mortificación.

Siguiendo tu ejemplo, también yo he de preparar cualquier acción apostólica rezando y ofreciendo pequeños sacrificios por aquéllos a quienes quiera hablar de Ti.

«Sintió hambre.»

Jesús, eres perfecto Dios y también perfecto hombre.

Por eso tienes hambre y sed, te cansas después de caminar todo un día, o lloras cuando se muere un amigo.

Tú me entiendes porque has experimentado los mismos cansancios, alegrías, sufrimientos, dolores, sentimientos y afectos que yo me encuentro a lo largo de mi vida.

Jesús, hoy experimentas la tentación del demonio.

No quieres dejar de vivir esta situación tan humana y, al permitir que te suceda, me vienes a decir que sufrir la tentación, como una prueba a nuestra virtud, no es algo necesariamente malo.

Puede ser incluso motivo de gran avance espiritual, y por eso la permites.

«El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior en orden a una «virtud probada», y la tentación que conduce al pecado y a la muerte. También debemos distinguir entre «ser tentado» y «consentir» en la tentación. Por último, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es «bueno, seductor a la vista, deseable», mientras que, en realidad, su fruto es la muerte» (CEC.- 2847).

 Lo importante es luchar para vencer la tentación, sabiendo que siempre presenta una falsa felicidad, una «pseudo ganancia» hueca.

Jesús, ¡no me dejes caer en la tentación!

2º. «Jesucristo tentado. La tradición ilustra esta escena considerando que Nuestro Señor; para darnos ejemplo en todo, quiso también sufrir la tentación. Así es, porque Cristo fue perfecto Hombre, igual a nosotros, salvo en el pecado. Después de cuarenta días de ayuno, con el solo alimento         -quizá- de yerbas y de raíces y de un poco de agua, Jesús siente hambre: hambre de verdad, como la de cualquier criatura. Y cuando el diablo le propone que convierta en pan las piedras, Nuestro Señor no sólo rechaza el alimento que su cuerpo pedía, sino que aleja de sí una incitación mayor: la de usar del poder divino para remediar; si podemos hablar así, un problema personal

» habréis notado a lo largo de los Evangelios: Jesús no hace milagros en beneficio propio. Convierte el agua en vino, para los esposos de Caná; multiplica los panes y los peces, para dar de comer a una multitud hambrienta. Pero El se gana el pan, durante largos años, con su propio trabajo. Y más tarde, durante el tiempo de su peregrinar por tierras de Israel, vive con la ayuda de aquellos que le siguen.

»En la segunda tentación, cuando el diablo le propone que se arroje desde lo alto del Templo, rechaza Jesús de nuevo ese querer servirse de su poder divina Cristo no busca la vanagloria, el aparato, la comedia humana que intenta utilizar a Dios como telón de fondo de la propia excelencia» (Es Cristo que pasa, 61).

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Fuente: www.almudi.org

 

 

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